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Entrada a Doma Classica | Hípica Iriscar

Una sesión de trabajo

El calentamiento.

Lo habitual en los primeros minutos es caminar a los caballos con las riendas largas, permitiendo que estiren el cuello y, con ello, toda la línea superior.

Esto se puede hacer de varias maneras. Lo ideal, cuando se dispone de espacio para ello, es hacerlo por el campo relajadamente o en una pista de galope. Si disponemos de pista de galope podremos seguir en ella el calentamiento. Otra forma de hacer esta fase es utilizando un caminador. Tiene la ventaja de que nos ahorra tiempo tanto al calentar los caballos al paso, como al enfriarlos nuevamente al paso tras el trabajo.

Tras esos primeros minutos al paso, tomaremos las riendas y comenzaremos a trotar. El trote en el calentamiento siempre lo haremos levantado. En esta fase llevaremos al caballo al trote de trabajo con una actitud de cuello bajo y largo, y trabajaremos fundamentalmente sobre líneas curvas con frecuentes cambios de mano. Personalmente me gusta calentar sobre círculos y serpentinas, cambiando con frecuencia de dirección así como la incurvación del caballo. Poco a poco iremos empezando con transiciones, pero no todavía a aires largos. Estas transiciones nos tienen que servir no sólo para que el caballo se vaya desentumeciendo, si no para ponerlo en sintonía con nuestras ayudas. Al pedirle que alargue no buscaremos, en estos momentos, que vaya muy hacia adelante muchos trancos, sino que buscaremos la respuesta a la ayuda de las piernas. En el momento en que el caballo responda yendo adelante debemos premiarle aflojando la presión de las piernas y acariciándolo. De esta manera lo motivamos y aumentamos su sensibilidad y atención a las ayudas. Valdría lo mismo para los acortamientos.

Tras unos minutos al trote alternando los ejercicios que hemos expuesto más arriba, daremos un breve descanso al paso. Después podemos continuar con las transiciones trote-galope, galope-trote, ya con una actitud más elevada. Estas transiciones las ejecutaremos en recto o en círculo a ambas manos. Merece la pena recurrir al círculo siempre que tengamos un problema con la actitud en las transiciones.

Podemos alternar estas transiciones con alargamientos y acortamientos de galope, entrando un círculo de nuevo en los acortamientos si notamos resistencias.

En el momento en que percibamos que el caballo responde a todas nuestras demandas con prontitud, manteniendo la puesta en mano y sin presentar resistencias daremos un nuevo momento de paso.

A partir de entonces comenzará la parte de trabajo de la sesión con la actitud más alta.

 

El trabajo tras el calentamiento

En la fase central de trabajo debemos montar con las riendas más cortas e ir acortándolas a medida que el caballo acorta su actitud para fijarla.

Generalmente empiezo por hacer unas transiciones trote-paso paso-trote, para aumentar la reunión y la rapidez de respuesta a mis ayudas. A medida que el caballo se va sentando comienzo a trabajar sobre vueltas de diferentes diámetros, desde las de diez a las de ocho o seis metros. Según siento que contesta a mis ayudas con precisión y rapidez empiezo con los ejercicios en dos pistas. Generalmente la espalda adentro a ambas manos es lo primero en esta fase.

A medida que voy trabajando incluyo momentos de paso para dar respiros al caballo. Suelen ser interrupciones cortas con riendas largas. Si las damos además tras algo que el caballo haya hecho especialmente bien, sobre todo si es un ejercicio en el que tenga alguna dificultad, nos servirá para que él se sienta premiado y tenga una motivación para repetir esa respuesta. Hay que pensar que los caballos aprenden mejor y más rápido con la recompensa ante una respuesta adecuada, que del castigo ante una contestación equivocada. Cuando hacen algo mal, en muchísimas ocasiones, no nos dicen “no quiero” sino “no sé” o “no puedo”.

Siguiendo con los ejercicios en dos pistas suelo trabajar bastante sobre cabeza al muro. Pese a que es un ejercicio que no se pide en casi ninguna reprise, yo creo que es magnífico para la preparación, mejora o corrección de defectos en los apoyos.

En la fase de trabajo en dos pistas hay que incluir generalmente alargamientos tras los ejercicios en los que el caballo haya perdido impulsión.

De todas formas hay maneras de trabajar sobre los ejercicios en dos pistas para ganar disponibilidad del animal. Una buena forma de hacerlo sería, por ejemplo, alargar o acortar sobre el ejercicio que practiquemos, sea una espalda adentro, una cabeza al muro o un apoyo. Otra buena manera de ganar flexibilidad y respuesta de los caballos a nuestras ayudas es recurrir a ejercicios que solemos practicar menos, como el renvers (grupa al muro), la grupa adentro en círculo, la cesión a la pierna interior en círculo, la grupa al muro en círculo,… Generalmente estos son ejercicios en los que la carga a nivel muscular es fuerte y que, por tanto, hacen perder impulsión al caballo. Por ello es conveniente volver a alargar al finalizar cualquiera de estos ejercicios en los que hayamos notado esa pérdida de impulsión.

Insisto aquí en la inclusión de momentos de paso cada tanto para dejar descansar al caballo.

Suelo luego comenzar con la parte de galope. No voy a hacer aquí un desarrollo como he hecho del trote por no ponerme farragoso.

Sí quiero acabar hablando de algunas cosas generales. Cada sesión de trabajo debe tener unos objetivos claros que pueden variar en alguna medida por el propio desarrollo de la sesión. Pero deben existir esos objetivos. Esos objetivos son generalmente la mejora o el aprendizaje de determinados ejercicios, la mejora de la calidad de los aires o la mejora de la condición física, indispensable en un caballo de doma.

No es ni necesario, ni creo que bueno, hacer todos los días todos los ejercicios que sabe hacer el caballo. Sí hay unos ejercicios básicos que merece la pena practicar a diario, como el trabajo sobre transiciones, círculos o espalda adentro. Todo ello forma parte de la gimnasia que debe hacer el animal a diario.

Merece la pena hacer de vez en cuando en casa una reprise de nivel en que estamos trabajando, para comprobar la respuesta del caballo. Mejor hacerla además en condiciones lo más similares posible a una competición real. Esto nos dará mucha información para mantener o reorientar nuestro trabajo diario a partir de ahí.

Acabar y enfriar, recopilación

Tras la fase de trabajo en la que hemos trabajado los caballos de forma “apretada”, es decir, en una actitud más reunida con más energía y expresión, deberíamos hacer con ellos lo que hacemos con nosotros mismos en esas condiciones.

Cuando vamos al gimnasio, generalmente empezamos por estirarnos y movernos suavemente. Eso seria lo que explicamos en la primera parte sobre “una sesión de trabajo”.

Luego solemos pasar por la fase de “carga más fuerte”, utilizando aparatos de gimnasia o máquinas. Vendría ser lo que explicamos en el apartado anterior.

Por último volvemos a estirarnos o a hacer ejercicios suaves sin interrumpir bruscamente la actividad física, que es lo que deberíamos hacer con los caballos antes de devolverlos a la cuadra.

Cuando llego a este punto, yo suelo dar unos minutos de trabajo al trote, haciendo que el caballo baje y estire el cuello, adoptando un perfil redondo y largo, que le estirará toda la musculatura de la línea superior.

Intentaré que trabaje en esa posición siempre, con la nariz por delante de la vertical, haciendo círculos a ambas manos y serpentinas, sobre un ritmo de trote que, siempre manteniendo cierta impulsión, le resulte cómodo.

Tras unos minutos, los suficientes como para notar que el caballo se relaja y no ofrece ninguna resistencia, lo pondré al paso.

Una vez al paso lo mantengo paseando tranquilamente con riendas largas hasta que normaliza totalmente la respiración y seca el sudor.

Después será el momento de darle una recompensa y asearlo antes de llevarlo de vuelta a la cuadra. Es preferible no darle una golosina cuando vamos montados ya que puede desarrollar el mal hábito de girar la cabeza en busca de una recompensa en momentos inoportunos; por ejemplo, en las paradas de una reprise.

Lo que he descrito en este capítulo sería una sesión de trabajo que podríamos calificar de genérica y en condiciones ideales de comportamiento del animal. Evidentemente se pueden introducir variaciones en las tres fases, dependiendo de los objetivos que nos marquemos y de la respuesta que vayamos obteniendo de nuestro alumno.

Las fases que he descrito se pueden ir sucediendo a lo largo de la lección, dando, por ejemplo, la posibilidad de estirarse al caballo tras la ejecución de un ejercicio bien hecho, dejándole alargar el cuello y quitando presión a nuestras ayudas; cosa que es de lo más gratificante para el animal. Tras ese breve estiramiento con el que le hemos premiado, volveríamos a ajustar las riendas para continuar el trabajo.

Personalmente no creo en la repetición excesiva de los ejercicios para que los caballos los aprendan mejor, sino en el premio expresivo y oportuno tras una ejecución correcta o que mejore la tónica general con la que el animal lo viniera haciendo. Hay que repetir aquí que aprenden más del halago a tiempo, que de la reprimenda. Una actuación agresiva ante un ejercicio mal ejecutado, especialmente cuando lo están aprendiendo, puede llevar al caballo a relacionar este ejercicio con la sensación desagradable o el pánico que le produjera nuestro castigo.